La inteligencia artificial está pasando rápidamente a formar parte de la actividad profesional cotidiana. Para los despachos de abogados y las firmas de consultoría, la cuestión ya no es simplemente si utilizar IA, sino cómo utilizarla de manera eficaz, responsable y dentro de un marco regulatorio cada vez más exigente.
La IA puede analizar grandes volúmenes de información, resumir documentos, asistir en la investigación jurídica, revisar contratos, estructurar argumentos, detectar patrones y automatizar determinadas tareas administrativas. Bien utilizada, puede permitir que los profesionales dediquen menos tiempo a labores repetitivas y más tiempo a aquellas actividades en las que el criterio humano aporta mayor valor: la estrategia, la negociación, la interpretación, la relación con el cliente y la toma de decisiones.
Sin embargo, esa misma tecnología puede generar importantes riesgos jurídicos, reputacionales y profesionales cuando sus resultados se aceptan sin una adecuada comprobación.
Por este motivo, las organizaciones que probablemente obtendrán una mayor ventaja de la IA no serán necesariamente aquellas que adopten más herramientas, sino aquellas que desarrollen mejores sistemas de gobernanza, formación y criterio profesional en torno a su utilización.
España ya nos está mostrando qué ocurre cuando la IA se utiliza mal
Un ejemplo especialmente ilustrativo se produjo en el Tribunal Superior de Justicia de Canarias en febrero de 2026.
Un abogado presentó un recurso que contenía 52 referencias jurisprudenciales. De ellas, 48 resultaron ser incorrectas o inexistentes y habían sido obtenidas mediante una herramienta de inteligencia artificial generativa sin que el letrado verificara adecuadamente los resultados. También se había incluido un supuesto informe del Consejo General del Poder Judicial que no pudo ser localizado.
El tribunal impuso al abogado una multa de 420 euros por una actuación contraria al deber de veracidad y a las reglas de la buena fe procesal, además de trasladar los hechos al colegio profesional correspondiente. EFE Noticias
La enseñanza es especialmente relevante: el problema no fue utilizar inteligencia artificial. El problema fue confiar en ella sin comprobar su trabajo.
La IA generativa puede producir textos extraordinariamente convincentes y, al mismo tiempo, contener información falsa. En el ámbito jurídico, una sentencia inventada, un
número de resolución incorrecto o una cita inexistente no constituyen simplemente un pequeño error técnico. Pueden debilitar una argumentación jurídica, perjudicar los intereses de un cliente y comprometer la credibilidad del profesional que firma el documento.
España ya había registrado otro importante aviso en 2024. La Sala Primera del Tribunal Constitucional sancionó con apercibimiento a un abogado que había incluido en una demanda de amparo supuestas citas literales correspondientes a 19 sentencias del propio Tribunal Constitucional. Ninguna de esas citas era real. La decisión puso el foco sobre una cuestión esencial: sea cual sea el origen del error, la responsabilidad sobre el contenido presentado ante un tribunal sigue correspondiendo al profesional. (Tribunal Constitucional)
La regla que se desprende de ambos ejemplos es clara:
La IA puede asistir al profesional, pero no asume su responsabilidad profesional.
También existen ejemplos de un buen uso de la IA
La experiencia española ofrece asimismo ejemplos positivos.
El Centro de Documentación Judicial (CENDOJ) ha desarrollado KENDOJ —Knowledge Extractor for CENDOJ—, una herramienta basada en técnicas de inteligencia artificial para el procesamiento de documentos jurídicos en español.
Entre otras funciones, KENDOJ permite estructurar resoluciones judiciales, detectar entidades, identificar vínculos con jurisprudencia y legislación, clasificar documentos y realizar procesos de seudonimización. El sistema combina técnicas de procesamiento del lenguaje natural, reglas y modelos de machine learning. (Poder Judicial)
Este tipo de aplicación representa un modelo muy diferente del uso indiscriminado de una herramienta generativa.
La IA se emplea aquí para una función definida, dentro de un entorno institucional y con procedimientos de control. Es decir: existe una tarea concreta, un propósito determinado y mecanismos de revisión.
Esta filosofía se ha reforzado con la Instrucción 2/2026 del Consejo General del Poder Judicial sobre la utilización de sistemas de inteligencia artificial en el ejercicio de la actividad jurisdiccional.
La Instrucción establece expresamente el principio de control humano efectivo y determina que los sistemas de IA no pueden operar de manera autónoma para adoptar decisiones judiciales, valorar hechos o pruebas ni interpretar y aplicar el Derecho.
Al mismo tiempo, permite que determinados sistemas autorizados se utilicen como herramientas de apoyo para buscar información jurídica, analizar y clasificar documentos, generar esquemas o resúmenes y elaborar determinados borradores internos, siempre sujetos a revisión humana. (BOE)
La idea, por tanto, no es prohibir la IA.
Es utilizarla allí donde realmente aporta valor y mantener al ser humano allí donde son necesarios el criterio, la responsabilidad y la decisión.
Por qué la regulación de la IA importa a las empresas
Esta cuestión resulta especialmente importante para los despachos de abogados y las firmas de consultoría porque la gobernanza de la IA se está convirtiendo simultáneamente en una cuestión de competitividad y cumplimiento normativo.
El Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial —el conocido AI Act— contiene, en su artículo 4, obligaciones relacionadas con la alfabetización en materia de inteligencia artificial.
Los proveedores y responsables del despliegue de sistemas de IA deben adoptar medidas para que las personas que utilizan dichos sistemas en su nombre cuenten con conocimientos adecuados sobre su funcionamiento, posibilidades y riesgos, teniendo en cuenta su experiencia, formación y el contexto concreto de utilización. (Eur-Lex)
Las obligaciones relativas a la alfabetización en IA comenzaron a aplicarse el 2 de febrero de 2025, y el marco europeo insiste en que las organizaciones deben formar a sus empleados teniendo en cuenta tanto los sistemas utilizados como los riesgos que puedan generar. (Digital Strategy)
Para una firma de servicios profesionales, esto significa que implementar inteligencia artificial debería implicar mucho más que contratar una licencia de software.
Una política interna razonable debería determinar, entre otras cuestiones:
- qué herramientas de IA pueden utilizarse;
- qué información confidencial puede o no introducirse en ellas;
- en qué situaciones es obligatoria la verificación humana;
- cómo deben comprobarse las referencias jurídicas y los datos;
- quién asume la responsabilidad final por el trabajo producido;
- qué formación deben recibir los empleados;
- y qué procedimientos deben seguirse para aplicaciones de mayor riesgo.
El prompt también puede contener información confidencial
Para despachos y consultoras existe además una cuestión especialmente sensible: la información que los profesionales introducen en las herramientas de IA.
La Agencia Española de Protección de Datos ha advertido recientemente de que un simple prompt puede contener datos personales, información confidencial, secretos empresariales, contratos o documentación sometida a obligaciones de reserva.
La propia AEPD señala que la aparición de la IA generativa está creando un nuevo perímetro de riesgo para las organizaciones: el cuadro de texto en el que un empleado introduce una
instrucción puede convertirse también en un punto de salida de información sensible. (Laboratorio AEPD)
Pedir a una IA que “resuma este contrato”, “analice esta reclamación” o “revise este expediente” puede parecer una tarea inocua.
Pero, dependiendo de la herramienta utilizada y de la información introducida, puede plantear cuestiones relacionadas con la protección de datos, el secreto profesional, la confidencialidad contractual o los secretos empresariales.
Por ello, para abogados y consultores, el prompt debe empezar a considerarse parte del perímetro de seguridad de la información de la empresa.
Los temores son reales, pero no tienen por qué definir el futuro
Las preocupaciones relacionadas con la inteligencia artificial son comprensibles.
Existe temor a que desaparezcan determinados puestos de trabajo, a que los profesionales dependan excesivamente de las máquinas, a que se produzcan filtraciones de información, a que algoritmos sesgados participen en decisiones importantes o a que resulte cada vez más difícil distinguir información auténtica de contenidos generados artificialmente.
Algunos de estos riesgos son relevantes y deben tomarse en serio.
Pero tampoco deberían llevarnos a asumir que el futuro de la IA será necesariamente negativo.
La cuestión más interesante es otra: ¿qué tipo de entorno profesional queremos construir alrededor de esta tecnología?
La inteligencia artificial es especialmente potente para procesar grandes cantidades de información, detectar patrones y elaborar primeros análisis a gran velocidad.
Los seres humanos, por su parte, siguen aportando capacidades esenciales: comprender el contexto, cuestionar hipótesis, aplicar criterios éticos, negociar intereses contrapuestos, relacionarse con clientes, interpretar situaciones ambiguas y asumir responsabilidad por las decisiones adoptadas.
En el ámbito jurídico y de consultoría, la combinación de ambas capacidades puede ser enormemente poderosa.
Podemos imaginar a un abogado que dedica menos tiempo a revisar manualmente cientos de documentos y más tiempo a construir el argumento que determinará el resultado del asunto.
O a un consultor capaz de analizar rápidamente una enorme cantidad de información y dedicar más tiempo a responder la pregunta realmente importante: ¿qué significa todo esto para el cliente?
También podemos imaginar equipos en los que los profesionales más jóvenes utilicen la IA para acelerar determinadas tareas rutinarias y, al mismo tiempo, aprendan a cuestionar, contrastar y verificar los resultados que produce.
Ese futuro no tiene por qué plantearse como una competición entre personas y máquinas.
Puede ser, simplemente, un futuro de profesionales con mejores herramientas.
De la adopción de IA a la madurez en IA
La siguiente etapa de la inteligencia artificial en los servicios profesionales debería estar menos relacionada con la novedad y más con la madurez organizativa.
Una organización madura no da por correcto todo lo que produce una IA.
Pero tampoco prohíbe utilizarla simplemente porque puede equivocarse.
Identifica qué tareas se benefician realmente de la automatización, selecciona las herramientas adecuadas, protege la información sensible, forma a sus empleados, establece mecanismos de verificación y mantiene una supervisión humana significativa sobre aquellas decisiones que afectan a clientes y personas.
La diferencia competitiva puede acabar siendo relativamente sencilla:
Utilizar IA será algo normal. Saber cuándo confiar en ella, cuándo cuestionarla y cuándo no utilizarla será una competencia profesional.
Para los despachos de abogados y grupos de consultoría, esa competencia probablemente será cada vez más importante para proteger la confianza de sus clientes, mejorar la productividad y seguir ofreciendo un asesoramiento profesional de alta calidad.
La inteligencia artificial no necesita sustituir al conocimiento humano para transformar una empresa.
Bien utilizada, puede amplificarlo.
Referencias
Agencia Española de Protección de Datos. (2026, 25 de agosto). Prompts, datos personales y confidencialidad: el nuevo perímetro de riesgo de la IA generativa. AEPD Lab. https://laboratorio.aepd.es/blog/prompts-datos-personales-y-confidencialidad-el-nuevo-perimetro-de-riesgo-de-la-ia-generativa
Comisión Europea. (s. f.). Alfabetización en IA: Preguntas y respuestas. Shaping Europe’s Digital Future. https://digital-strategy.ec.europa.eu/es/faqs/ai-literacy-questions-answers
Consejo General del Poder Judicial. (2022). Memoria anual 2021: Órganos técnicos del Consejo General del Poder Judicial. Centro de Documentación Judicial. Memoria del CGPJ con información sobre KENDOJ
Consejo General del Poder Judicial. (2026, 28 de enero). Acuerdo del Pleno del Consejo General del Poder Judicial por el que se aprueba la Instrucción 2/2026, sobre la utilización de sistemas de inteligencia artificial en el ejercicio de la actividad jurisdiccional. Boletín Oficial del Estado, 27, 14480–14487. https://www.boe.es/eli/es/a/2026/01/28/(1)
EFE. (2026, 13 de febrero). Multan con 420 euros a un abogado que incluyó en un recurso 48 citas de sentencias inventadas por una inteligencia artificial. https://efe.com/canarias/2026-02-13/multan-con-420-euros-a-un-abogado-que-incluyo-en-un-recurso-48-citas-de-sentencias-inventadas-por-la-ia/
Parlamento Europeo & Consejo de la Unión Europea. (2024). Reglamento (UE) 2024/1689, de 13 de junio de 2024, por el que se establecen normas armonizadas en materia de inteligencia artificial (Reglamento de Inteligencia Artificial). Diario Oficial de la Unión Europea. https://eur-lex.europa.eu/eli/reg/2024/1689/oj/spa
Tribunal Constitucional. (2024). Nota informativa n.º 90/2024: La Sala Primera del TC por unanimidad sanciona a un abogado por la falta del debido respeto al Tribunal, al incluir reiteradas citas de doctrina que se entrecomillaban como si fueran reales cuando en realidad no existían. Nota informativa 90/2024 del Tribunal Constitucional

